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| El dani anda diciendo: caer es solo un motivo para levantarse y darle letra al presente. |
¿Cómo construir una posición crítica sin el atrevimiento de tomar la palabra ahí donde uno sabe que va a quedar expuesto a los ojos de los demás y a los propios?
Hablar no es lo mismo que decir.
Uno puede hablarle estrictamente a nadie, sin intención ni afectividad. No es necesario abandonar la cómoda posición neutral o dejar de ser "un clavelito del aire" para hablar. Decir es algo que va más allá de la dimensión de la palabra, incluso de la literalidad de un mensaje. Cuando uno "dice" siempre se para en la dimensión de la transferencia, en esos "dimes y diretes", en ese verdadero conventillo de cruces y corsos a contramano, en el que habitan fantasías engoladas, sugestiones en dos por uno, memoria ancestral y despistes actuales cosidos y cocidos por el hilo siempre ardiente de los afectos.
Por eso el Dani Dice... al andar.
No hay manera de honrar todo ese maremagnum de ancestros pariendo la urdimbre de los sueños, de escenas a medio coleccionar de películas aún no filmadas, de versiones betas de Frankenstein's que vestimos cada tanto (en algún huequito escotómico de la mirada de los otros) que decir al andar. Sobre todo si uno entiende que la temporalidad del sujeto no se pone en juego ni entre el Ser y la nada ni entre el Ser y el tiempo sino entre el Siendo y lo Contingente que nos parió, define y sostiene.
Lo importante, claro está, no es "el Dani" sino lo que tiene para decir y lo que dice es "recuperemos la relación natural con el saber", esa relación que se articula en el sentimiento de transcendencia para encontrar ahí "su baldosita segura" y lanzarse a la vida, aprendiendo que no somos "semejantes o diferentes" sino semejantes y diferentes al mismo tiempo, incluso respecto de uno mismo. Aprendiendo a dimensionar lo que nos afecta y afecta a los demás, apostando, incluso contra todo pronóstico, evidencia y consejo prudente, a construir humanidad. No desde los idealismos anquilosados paridos entre sugestión y laboratorios, sino desde la pura experiencia del contacto, de la empatía, del orgullo de sentir que uno no se trata de algún yo, sino de algún yosotros.
Daniel Adrián Leone.
